Prohibición de mariguana trajo consigo corrupción: Ricardo Pérez Montfort

  • Uno de los principales obstáculos es la falta de información e investigación verídica sobre las drogas
  • En México, las drogas siguen asociándose a la criminalidad y la pobreza, comentó Alfredo Zavaleta

Alfredo Zavaleta, Elissa Rashkin y Ricardo Pérez, en la presentación del libro en el CECC

Paola Cortés Pérez

Xalapa, Ver., 03/03/2017.- La prohibición de la marihuana en el país trajo consigo una gran cantidad de corrupción que ha carcomido al sistema mexicano, aseguró Ricardo Pérez Montfort, autor del libro Tolerancia y prohibición: Aproximaciones a la historia social y cultural de las drogas en México 1840-1940, que fue presentado en el Centro de Estudios de la Cultura y la Comunicación (CECC) de la Universidad Veracruzana (UV).

Pérez Montfort dijo que uno de los principales obstáculos al tratar el problema de las drogas es la falta de información e investigación verídica sobre las mismas, sus efectos y su producción; lo existente son muchos prejuicios que impiden analizar y reflexionar la situación de manera racional.

“El prohibicionismo ha propiciado la desarticulación entre Estado y sociedad, relación en la que debe imperar la transparencia y los principios de verdad, ya que el sistema mexicano ha sido carcomido por la corrupción.”

Relató que a lo largo de sus investigaciones en torno al pensamiento de la derecha mexicana, encontró que el primer intento de prohibición de la marihuana fue sugerido a Antonio López de Santa Anna, cuando se consumía marihuana, opio y el famoso toloache.

“El pensamiento de las derechas –intolerante, prohibicionista y controlador– empezó a abordar el tema al grado de expresar que si se consumían drogas y alcohol se degeneraría la raza, como fue el caso del constitucionalista y presidente del Consejo de Salubridad General, José María Rodríguez.”

A finales de 1915 y principios de 1916, Venustiano Carranza lanzó el primer decreto para prohibir el comercio de opio, pero no tuvo importantes efectos ya que en México tenía lugar la guerra civil.

“Ni Porfirio Díaz ni Francisco I. Madero prohibieron las drogas, incluso a este último los chinos le ofrecieron el negocio del opio en el norte del país, donde era muy redituable; se sabe que de 1916 a 1922, en cada cuadra de Mexicali había uno o dos fumadores de opio.”

Pese al recorrido histórico que realizó para identificar cuándo y por qué surgió la prohibición, indicó que no ocurrió en una fecha y lugar exacto –como sucede con la mayoría de los procesos sociales–, más bien fue algo que creció paulatinamente.

Planteó que la prohibición es una conciencia social, que se ha incorporado al pensamiento de diversos sectores de la población debido a la conmoción que les genera ver el estado de los toxicómanos; entonces, cuando las autoridades se preguntaron ¿qué hacer con las drogas? inmediatamente surgieron las voces que pidieron su prohibición, aunque hubo grupos a favor de permitirlas.

Comentó que a lo largo de la historia de México ha permanecido el argumento de que el toxicómano es un enfermo y como tal debe ser tratado, pero la tendencia gubernamental ha sido tratarlo como un criminal, como lo demuestran algunas peticiones de actores políticos en la década de los cuarenta: enviar a los drogadictos a las Islas Marías, incluso solicitaron que fueran castrados para evitar su reproducción.

El libro Tolerancia y prohibición… concluye en el periodo en que Estados Unidos de Norteamérica presionó al gobierno mexicano para que prohibiera las drogas, con el argumento de iniciar un bloqueo medicinal.

“Fue una época en la que México producía pocas medicinas y estaba presente el espectro de la Segunda Guerra Mundial, Lázaro Cárdenas no podía darse el lujo de negarse, así que aceptó para evitar un mal mayor.”

A partir de entonces, apuntó, la criminalización y el prohibicionismo han ganado la batalla en el tema de las drogas; sin embargo, dijo que la situación puede revertirse si se educa, se piensa racionalmente, se dejan de lado los prejuicios radicales y se despenalizan, entonces se podrá disminuir la gran mortandad resultado de la guerra contra las drogas iniciada por el Estado.

“En el libro hablo lo más abiertamente posible, sin tratar de hacer proselitismo, plantear un debate y reflexión con conocimiento para que el lector pueda saber de qué lado ponerse, si de la tolerancia o de la prohibición”, expresó.

En este evento, que tuvo lugar el viernes 17 de febrero, también participaron la investigadora Elissa Rashkin, del CECC, y Alfredo Zavaleta Betancourt, del Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales.

Al abordar el contenido del libro, Zavaleta comentó que se inserta en la actualidad del país, por la discusión de la liberación de las drogas.

Coincidió con la postura de Leopoldo Salazar Viniegra, quien fuera director del Hospital de Toxicómanos anexo al manicomio La Castañeda, respecto a que el consumo de drogas debe ser tratado como un problema de salud, por lo tanto el Estado debe crear un nuevo reglamento en la materia y un espacio para tratar a los adictos.

Cabe mencionar que, durante algunos meses de la década de los cuarenta, el Estado mexicano puso dispensarios donde los drogadictos compraban sus dosis a bajos precios, además de que se abrió un hospital para su atención médica.

“Pienso que este argumento debe ser reivindicado en el contexto actual, porque este experimento social de aquellos años debe pensarse como una alternativa para salir del conflicto interno tan cargado de muertes en el país.”

Externó que la prohibición ha sido el principal impulsor de los mercados ilegales, los discursos y las estrategias no han cambiado mucho a lo largo de los años.

En México, resaltó, las drogas sieguen asociándose a la criminalidad y la pobreza, así que es recreado el discurso higienista y prohibicionista, con la diferencia que en la actualidad se trata de una política que no piensa en el encierro de los toxicómanos sino en hacerlos desechables.