A. Brizio-Carter. “Otra denominación.”

Arturo Brizio-Carter

 

     Me parece que un término que está sobre gastado en el futbol mexicano es el de “clásico”. Desde la primera mitad del siglo pasado se habló del capitalino entre Atlante y Necaxa pero no faltaba quién también llamara clásicos a los enfrentamientos entre este par de equipos mexicanos y los cuadros España y Asturias, representativos de la gran colonia española que poblaba el Distrito Federal.

También reclama ese honor y su muy buena antigüedad el Atlas vs Guadalajara y qué decir del norteño entre Tigres y Monterrey que divide, literalmente en dos a la industriosa ciudad y a todo el estado de Nuevo León.

El tema regional también sucumbió al encanto de esa palabra y en su momento se habló del clásico tamaulipeco entre Tampico y Ciudad Madero y después entre los “jaibos” y el Correcaminos.

El Estado de México tuvo el suyo cuando jugaban Toluca contra Coyotes y luego Toros de Neza. León ante Unión de Curtidores era el de la ciudad cuerera y la fiera ante Irapuato era conocido como el clásico del Bajío.

Con tinte estudiantil tuvimos el de los Tecos de la Autónoma de Guadalajara y la U. de G. que vivió momentos álgidos y episodios violentos en la década de los 70.

La última vacilada de los medios de comunicación ha sido llamarle el “clásico del periférico” al América vs Morelia porque Televisión Azteca, propietaria de Monarcas y Televisa, dueña de las Águilas están ubicadas en esa importante vía de la capital de la república.

Ya mencionamos al tapatío y al norteño; por ahí anda el Pumas-América pero estaremos de acuerdo que el clásico de clásicos es el Guadalajara vs el América, con su carga de morbo y espectacularidad.

¿Quién le otorga el título de clásico a un partido de futbol? Definitivamente el público.

En ese sentido, hay un encuentro que si no lo es, está muy cerca de serlo como es el Pumas ante Cruz Azul que se jugará este próximo fin de semana.

La rivalidad ha crecido con juegos vibrantes e incluso ya se jugaron finales entre estas dos grandes instituciones.

Incluso uno de los partidos más bravos que dirigí en mi carrera fue un juego de cuartos de final entre este par de equipazos.

Era la temporada 94-95 todavía en el formato de torneos largos y la “Máquina celeste” todavía jugaba como local en el Azteca. Con el juego empatado a cero, lo cual le daba el pase a los universitarios, el “iguala” Carreón le cometió una falta en los linderos del área a Juan Reynoso. Marqué el penal y se me vino el mundo encima. Los Pumas sabían que había sido demasiado remar para morir en la orilla. Luego de las reclamaciones de rigor, logramos que todo el mundo se colocara para ejecutar la pena máxima. Julio Zamora se perfiló y el “brody” Jorge Campos lo detuvo, sin embargo en el rebote, entró como tromba “Lupillo” Castañeda y selló el juego y el pase celeste a la siguiente ronda. El drama en toda su expresión.

Si este no es un clásico, habría que buscarle…Otra denominación