A. Brizio-Carter. “El Imperio del Dinero”

                                      Arturo Brizio-Carter

                

       1.2.16

 

     Me gustan mucho los dichos y los refranes. Creo  que encierran una gran sabiduría y hay personas que se especializan en citar uno apropiado para cada ocasión. En este caso, citaré algunos que tienen que ver con la lana y su imperio, sobre todo en el mundo del deporte donde se olvidó por completo el romanticismo, el amor a unos colores, para reverenciar el verde olivo de los dólares.

Don Francisco de Quevedo, gran poeta español del llamado “siglo de oro”, dedicó un poema al billete que tituló: “Poderoso caballero es don dinero” y hasta nuestros días, sus letras no pierden vigencia, afirmando que desde el más encumbrado caballero hasta el más abyecto gañán, sucumben con facilidad al dulce tintineo de una bolsa con monedas.

El político y militar sonorense Álvaro Obregón pasó a la historia más que por haber sido presidente de la república, por su famosa frase de “no hay quién aguante un cañonazo de 50 mil pesos”, refiriéndose al precio de una persona para un acto de corrupción.

El pueblo afirma que “no hay mejor amigo que un peso en la bolsa” y en las discusiones, no falta el que diga “nunca tiene razón quién no tiene dinero”.

La cosa es que en los tiempos que corren, las lealtades se han visto suprimidas por la letra chiquita de un contrato. Los futbolistas y los entrenadores firman con las famosas “cláusulas de recisión”, que no son otra cosa que el precio por el que pueden cambiar de colores así, sin más.

Los casos más actuales corresponden a un técnico que laboró hasta el fin de semana pasado en el balompié nacional y a uno de los más famosos a nivel mundial, ligado todavía al poderoso Bayern Münich teutón.

Juan Antonio Pizzi, argentino naturalizado español, recibió la confianza del “grupo Pachuca” para dirigir al León. Su paso fue, digamos, discreto, aunque en la presente campaña tenía a la fiera en lo más alto de la tabla. La federación chilena le habló al oído, buscando sustituto para Jorge Sampaoli y así, de buenas a primeras, con cero compromiso ni comportamiento ético, dio las gracias a la familia Martínez y se fue como dicen que se van las chachas.

El otro caso me parece aun más deleznable. Pep Guardiola, uno de los hombres más reputados en la dirección técnica mundial, ha firmado un contrato de tres años para dirigir en Inglaterra, concretamente al Manchester City, estando todavía vinculado con el club bávaro en la Bundesliga.

La directiva de los “citizen” lo da a conocer, según su propio dicho, para evitar especulaciones y por respeto al actual técnico Manuel Pellegrini. ¡Ah, caray! Pues que decentes me salieron. Le birlan al técnico a otro club y tienen nexos vigentes con el suyo pero no quieren dar lugar a la maledicencia. Yo les contestaría a Guardiola y al City, con un dicho muy mexicano: ¡Qué poca madre!